Hay un dato relevante del último Informe de Titulación en Educación Superior que pasó casi inadvertido y que debería reordenar las prioridades de quienes dirigimos instituciones de educación superior en el país. En 2025, Chile alcanzó 329.011 titulaciones, la cifra más alta desde que existen registros, lo que representa un aumento de 8% respecto del año anterior. El dato es histórico. Sin embargo, la verdadera noticia no está en el total de titulaciones, sino en quiénes crecieron y quiénes retrocedieron.
En las carreras de pregrado el aumento se explica por la formación técnico-profesional, ya que las titulaciones en institutos profesionales crecieron 15,6% y en los centros de formación técnica 6,7%, mientras que en las universidades cayeron 2,6% en comparación con 2024. Así, las carreras TP ya representan el 59,5% de las titulaciones de estudios iniciales universitarios. La universidad tradicional, la de cinco o seis años, dejó de ser el centro de gravedad del sistema. Ese centro se movió hacia la formación corta, aplicada y con empleabilidad clara.
No es una anomalía chilena ni un efecto pasajero. Es lo que anticipa la evidencia global sobre el futuro del trabajo. El Foro Económico Mundial proyectó al 2030 la creación de 170 millones de empleos y se desplazarán 92 millones, con un alza de 78 millones a nivel mundial. El desafío no será la falta de trabajo, sino la brecha de habilidades. De aquí a 2030, el 39% de las competencias requeridas cambiará, y la escasez de talento capacitado ya es vista como la principal barrera para la transformación de las empresas. Por ello, el 85% de los empleadores planea invertir en capacitación.
La conexión es directa. Un mercado donde casi cuatro de cada diez habilidades cambian en menos de cinco años deja de premiar únicamente los títulos largos y empieza a valorar la capacidad de actualización continua. Por eso otra de las cifras más reveladoras del sistema es el crecimiento de los diplomados y postítulos, que aumentaron 103,2% entre 2021 y 2025. La formación dejó de ser una etapa previa al trabajo y pasó a convertirse en un proceso permanente.
Hay una señal adicional que conviene no ignorar. En 2025, las titulaciones en programas a distancia representaron el 25,1% del total y crecieron 192,2% en cinco años. La demanda no solo se inclina hacia lo corto y aplicado, sino también hacia lo flexible en tiempo y lugar. Quien diseñe educación superior ignorando esas tres fuerzas —corta, aplicada y flexible— está diseñando para el mercado de hace una década.
Conviene, eso sí, no leer estas cifras como un triunfo automático. Parte del crecimiento técnico-profesional responde también a la expansión de la matrícula y al impulso de los CFT estatales, no solo a una lectura fina del mercado.
Fernando Martínez Santana, rector de la Escuela de Comercio y Servicios


